Sobre líneas, búsquedas y transformaciones:

Documentos del Carrillo Gil

por Sofía Carrillo

La historia de este museo comienza en 1974; la afamada colección del Dr. Alvar Carrillo Gil estaría por encontrar un espacio que daría presencia a las nuevas tendencias del arte en nuestro país. Quizá fuera ésta, la última misión del doctor y coleccionista ya que, después de inaugurado el museo, muere Alvar Carrillo Gil dejando como legado la difusión del arte por venir y la estrategia audaz por el modo de proceder ante su colección. Utilizó lo mejor de dos mundos: el institucional y el privado, para conservar a través de sus obras la visión del mundo que le acompañó hasta crear su propio universo; para, en una sola palabra: permanecer.

De los temples, piroxilinas, tintas, óleos y acuarelas, entre otras técnicas utilizadas por José Clemente Orozco, cercano compañero de Carrillo Gil, se desbordó el afán de éste por crear una genealogía que relacionara no sólo su pasión por el arte, sino también su interés por mostrar una coherencia histórica y estilística.

David Alfaro Siqueiros, el cubismo de las primeras obras de Diego Rivera, Gunther Gerzso y la intensidad del color y la mancha en Wolfgang Paalen se unen en el discurso para incluir después la obra expresiva del gran formato y la línea utilizada por Nishizawa. Éste sería únicamente el principio de esta línea amalgamada por el criterio de Carrillo Gil.

Es entonces la gráfica y, por tanto, el desencadenamiento que ésta ocasiona en las nuevas tendencias del arte, sin dejar atrás el importante papel que ha jugado la fotografía dentro de las exposiciones de este museo, la línea marcada por el coleccionista al espacio concebido desde los años 50 por Alvar Carrillo Gil y Carmen T. de Carrillo Gil.

Este espacio quedó al mando del museógrafo Fernando Gamboa, nombre que desde hace muy poco fue rescatado de entre los archivos del Instituto Nacional de Bellas Artes. En 1977 entra en la dirección Miriam Molina quien propone las primeras exposiciones multidisciplinarias del museo.

En 1984 entra Sylvia Pandolfi, quien logra la remodelación del museo con el fin de hacer más propicio el espacio para las nuevas manifestaciones artísticas, además de sufrir la inundación de las bodegas del museo. Con ella entran a la colección piezas como las de Magali Lara y estampa japonesa de Ukiyo-e; se hacen más exhibiciones colectivas y permite la entrada del performance. Algunas exhibiciones fueron: 1985 Los Grupos quienes estaban gestando grandes cambios en la historia del arte y la estética en México, la controvertida exposición de SEMEFO Lavatio corporis en 1994; Carlos Aguirre, Newton en el D.F en 1990; Néstor Quiñones, Aquietamiento en 1993. o la I Bienal de Pintura en 1992, entre muchas otras de igual importancia.

Osvaldo Sánchez toma la dirección del MACG en 1998 para dejarla dos años después a Patricia Sloane, quien decepcionada, renuncia al poco tiempo y deja al mando al actual director del museo Carlos Ashida de quien revisaremos el trabajo que desde el 16 de junio hasta el 17 de octubre se expone en este museo:

30 años del Carrillo Gil: Origen y vocación

Un proceso minucioso de depuración, unido, claro, a la pasión y la investigación, es lo que formó de primera instancia la colección de Carrillo Gil. No es un proceso fácil o lineal; al contrario. El trabajo de este coleccionista estuvo lleno de vericuetos y revisiones que fueron depurando su gusto y su inversión en y por el arte.

Con el tiempo, la pareja Carrillo Gil decide donar su enorme colección de Orozcos, Siqueiros, Riveras, Gerzsos y tantos más, al pueblo de México; pero, para lograr esto, tuvieron que pasar por muchas hazañas políticas, culturales y sobre todo, legales. Sin embargo, el espacio es ahora uno de los foros de arte contemporáneo más interesantes para observar los despuntes y transformaciones del ámbito artístico. Y es que, un museo, no es sólo espacio de exposición, sino el terreno en el que confluye la política, la economía, la academia; en fin, la sociedad. Es un laboratorio con ataduras y libertades, pero también una institución.

En los años 70 hubo una gran predilección por las exhibiciones fotográficas -y hasta la fecha-, obviamente, la pintura, la gráfica y las revisiones de la misma colección no quedaron atrás. Considero esta media década de la historia del museo como una etapa preparatoria y de exploración. Fernando Gamboa supervisó el trabajo sucedido en esta época, aún cuando estaba en manos de Miriam Molina, de modo que la escuela muralista vista a través del especial gusto del Dr. Alvar, y las propuestas afines a esta línea se fueron sucediendo en la historia de este museo.

Muchas de las obras expuestas ahora, fuera de la colección personal de Carrillo Gil, pertenecen a la etapa en la que Sylvia Pandolfi estuvo en la dirección del museo. Varias de ellas son claves en la historia y la línea curatorial de este espacio, algunas ya mencionadas párrafos atrás. Sin embargo, son pocas las obras que pertenecen desde los años 80 hasta la actualidad, aunque algunas son muy contundentes para entender cómo ha sido dirigido el calendario de actividades. Claro, ésta es una exhibición documental con algunas ejemplificaciones, en su mayoría, parte de la colección original del Dr. Alvar Carrillo Gil y su esposa.

Aún con la fuerte presencia de la fotografía, extrañamente encontramos pocas obras con esta técnica, y bueno, nada de documentación visual de performance. En cambio, encontramos mucha instalación, gráfica, libros de artista, algunos catálogos, óleos, acrílicos y videos mostrando el trabajo de montaje y también de algunos artistas.

Me parece que se elaboraron dos propuestas muy atinadas: Primero, la creación de un catálogo con la información que encontramos en esta exhibición: cronología y exposiciones temporales, reproducciones de obras y documentos, además de algunos ensayos escritos por Ana Garduño y Jorge Reynoso. Segundo, la propuesta de tres conferencias paralelas a esta muestra con la colaboración y el trabajo arduo y profundo de Ana Garduño, quien se ha enfocado en su trabajo doctoral al ejemplo del coleccionismo en México a través de Carrillo Gil y quién participó en las dos primeras pláticas.

La primera conferencia trata el tema de Coleccionismo de arte moderno mexicano; la segunda, Legislación y coleccionismo; la tercera, Coleccionismo de fotografía, la cuál trataremos en el siguiente número de Arte al Día.

La presencia del museo en el gusto del público es muy marcada, es una de las opciones en México para encontrar los cambios que suceden en el arte contemporáneo y en curaduría. Sus facetas han ido transformándose, en ocasiones muy puntualmente, con los cambios ideológicos o técnicos, lo cuál va muy de acuerdo con el interés de Carrillo Gil por explorar en las manifestaciones tempranas y novedosas de artistas mexicanos y extranjeros.

Coleccionismo

Éste es un tema complejo aunque muchas veces tomado muy a la ligera. Pero, el mercado del arte es una de las ramas más controversiales, especialmente en cuestión legal, aunque no podemos olvidar el plano económico.

Es preciso anotar que el coleccionismo también se ejerce en el ámbito público, aunque ha sido muy descuidado por los proyectos culturales de los últimos sexenios y qué decir de las políticas culturales. Hace unas décadas era común escuchar que el gobierno encomendaba cierto presupuesto, si no es que a veces algunas mañas, a la compra de obra de algunos artistas claves en nuestra historia artística; sin embargo, este espacio ha sido abandonado desde hace muchos años, dejando el terreno a la colección privada, lo cual fue comentado por Ana Garduño en la segunda conferencia tratando el caso de María Izquierdo.

Agregó además un poco de los cambios sucedidos en cuestión legal y puntualizó el efectuado por Echeverría al lanzar una ley de expropiación. Ésta incluía, obviamente, a las colecciones privadas, lo que puso a temblar a muchos, y ocasionó la fuga de obra a países extranjeros y mayor desconfianza de la que ya existía.

Pero esto va aunado a otras triquiñuelas con derroches de buenos modos. ¿Cuáles son los problemas que enfrenta un coleccionista privado? Y ¿cuáles son las limitaciones? Éstas son preguntas que no se pueden contestar plenamente en un artículo de estas dimensiones. Las leyes son poco claras, prestas a varias interpretaciones además de escasas, el mercado extranjero es sumamente fuerte y no hay que olvidar al mercado negro y las muchas falsificaciones, además de los muchos intereses que caracterizan a cada coleccionista.

Éstos y otros problemas relacionados al coleccionismo se comentaron en la conferencia sucedida el día 30 de junio, en donde participaron: Ana Garduño, Raquel Tibol y Rafael Matos con el tema de Legislación y coleccionismo.

Rafael Matos, muy optimista, propuso algunos puntos para fortalecer la débil legislación que existe en torno al mercado del arte. Favorecía en primer punto al estado, después al coleccionista mexicano y por último al mercado extranjero. Nos recordó la fantasmagórica presencia de hace algunos años de un Fondo de Adquisición de Obra, de la cual poco se sabe. Pero, sobre todo, hizo hincapié en la condición moral del coleccionista.

Por último, fue la participación de Raquel Tibol, quien después de dar una enorme lista de coleccionistas; entre ellos, algunos artistas, dejó muy claro que la palabra honestidad y emoción en esta área del arte, debían dejarse hasta la cola. Y es que, la cara del coleccionista ha cambiado, no es la misma que se vivía en los años a mediados del siglo pasado y mucho menos podemos asemejar las posturas políticas en cuestión de arte. Y bueno, tampoco podemos vanagloriar tiempos pasados aún cuando actualmente ya no encontremos a personas como Marte R. Gómez o Carrillo Gil como la misma Raquel Tibol sugirió.

Los intereses, las personas inmersas, las políticas y leyes no son las mismas, pero hay una constante, el interés por analizar el arte que está sucediendo en nuestra muy particular contemporaneidad. Carrillo Gil, aunque no dio preferencia a muchas nuevas propuestas de su época, sí desarrolló la pasión por el lenguaje fresco de artistas ahora consagrados aunque algunos ya lo eran.

Pero, lo interesante de su caso, es que conociendo a fondo el ámbito político, decide donar su obra para hacerla pública. Gracias a este conocimiento, es que se le conoce como uno de los pocos casos en los que protege la integridad de su colección a través de cláusulas legales que impiden su venta o desmembramiento. Es decir, supo aprovechar las debilidades de la ley y supo cómo protegerse para que ésta misma debilidad no fuera aprovechada para ventaja de unos cuantos.

Sobre este tema, específicamente el Coleccionismo de arte moderno mexicano fue el tema de la primera conferencia sucedida el miércoles 23 de junio. En ella participaron: Ana María Rodríguez con el caso de Marte R. Gómez, en la que habló de los encargos de éste personaje político y sobre todo, del destino disperso de su colección. Después fue la intervención de Ana Garduño, con un ensayo sobre la colección del Museo Carrillo Gil y el papel de las políticas culturales.

En primer término habló del vago destino de la obra donada por los coleccionistas, e hizo clara la falta de precauciones que éstos toman a la hora de decidir qué hacer con su colección. Y toca en la segunda parte de su ponencia una separación importante del carácter del coleccionista en México: lo divide principalmente en dos etapas. La primera, temprana o anterior a los años 40s, donde el valor se adjudicaba a lo simbólico (al cuál parece añorar Rafael Matos, con algunos nuevos valores que incluir) y poco se veía al arte que sucedía en el exterior.

La segunda etapa es cuando entra en juego el valor mercantil y social y es que, justo en este momento, el funcionario y el empresario entran en el juego. Recordemos la apertura de las primeras galerías, cuánto tiempo se lleva crear un mercado (ya que dependía del estadounidense) y aumentar su plusvalía; puntos que aún siguen muy verdes en México.

Se trató el tema de la afinidad de Carrillo Gil con las políticas culturales de su época; aunque siempre fue cauteloso al respecto, sobre todo crítico en la postura de aceptar a la iniciativa privada como un apoyo al estado. Éste es un punto clave en el coleccionismo de nuestros días, aunque sigue siendo terreno resbaloso por la poca experiencia que se tiene en esta materia debido a los grandes tabúes que se inculcan en el plano académico.

Teresa del Conde cerraría la mesa con una visión psicológica e ideológica de lo que es el coleccionismo. Recordó a Freud y la pulsión, haciendo del coleccionista un compulsivo por encontrarse (donde también podemos hablar de fetichismo) y reflejarse (narcisismo) en sus objetos, una relación generadora de vida en el límite de la muerte. Algo explicado por Freud como inherente a la naturaleza del hombre.

Terminó su ponencia con una cita de Alvar Carrillo Gil: El coleccionismo es una enfermedad fatídica e incurable.

Una relación emocional está circunscrita en esta frase, pero no hay que olvidar el papel del coleccionismo en la actualidad, donde el interés personal está íntimamente ligado al interés económico. La empresa es ahora el nuevo coleccionista, las decisiones son colectivas y representativas de la época; no existe una persona física en muchas ocasiones así como en muchas propuestas artísticas no existe ya objeto.

Ahora, las mismas decisiones y lecturas, son también creaciones.

 

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